Las palabras son un bálsamo que no cura

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foto poema

Aparecen siluetas en cada recodo de la casa;
son sombras de la incredulidad que aún nos puebla.
Y lágrimas,
demasiadas lágrimas
negadas de consuelo,
suspiros contenidos,
esperanzas maltrechas.

Maldita esperanza,
nos dejaste con el sabor metálico
de un engaño compartido.
Cómo fuiste capaz de desviar tu mirada de nuestro consuelo,
ignorándonos aún a sabiendas que nunca más creeríamos.
¿Dónde estás ahora esperanza?:

Desaparecieron los hilos invisibles, tan endebles, desde los que nos aferrábamos a la ignorancia y al revuelo de la cotidianeidad.

Y en nuestras manos
y en las tuyas, tan frías,
toda tu soledad,
que ahora es también nuestra;
y deseos a trizas,
suma de días,
promesas vacías de salvadores adictos al talonario,
mentiras piadosas,
y verdades como un templo negadas,
invisibles, de tanto que nos empeñamos en despeñarlas.

Rememoro imágenes,
huellas que dejaste en la memoria.

Y cómo caminabas de pronto,
de puntitas,
sin hacer ruido,
sin apenas apoyar los pies,
sin hacer ruido,
porque te morías,
de a poco,
sin hacer ruido.

Y tantos ojos ciegos que ahora te miran.

Ya de vuelta, tu camino;
sin admitirlo,
y ya de vuelta.

Recuerdos,
que ya son fotos ajadas,
malditas por un dolor que no conjugaba bien con tu sonrisa.
Luchar, amar, sentir, soñar, en primera persona,
te combinaban mucho mejor.
Sonrisa de fachada, de amor sin vuelta ni retorno, de desgaste,
de mazazos de valor, hecha.

Los recojo,
los recuerdos.
Y los guardo
en mi nueva y adusta caja de cenizas,
tan nueva que asusta,
preguntándome por qué no conseguí
ni quise darme cuenta
que, muy a tu pesar y el nuestro,
ya no volverías.

Y ahora sólo nos queda tu mancha de té en el sofá nuevo,
que a pesar de todo es capaz de restar incólume en el tiempo.

Y nos duele el aire que respiramos,
tú ya no lo respiras.

Ayer encontré el pequeño tubo de pasta de dientes,
¿recuerdas? Me resistía a probarlo,
en esa insistencia mía por no hacerte caso,
lo dejaste en el armario del lavabo,
envuelto a saber por qué en un concienzudo trozo de papel.

Y nos entristece la mirada
de lo que ya no ves.
Y nos resuena en los oídos
el sonido de las palabras que no pronunciamos,
ni pronunciaremos,
y que ya nunca serán nuestras.

Las palabras son un bálsamo

que no cura.

© Mayca Soto

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