De verano dices (Experiencia veraniega “La Poesía no muerde”)

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Colaboración en la Experiencia Veraniega de La Poesía no muerde

De verano y de poesía,
anuncias.
Entonces intento hablar
del sol,
del calor,
del azul del mar,
de las olas,
del amor…
¡Qué tópico!
Y de los fulgores que se desvanecen
con la misma rapidez con la que siempre se derrite sólo mi helado.
De los colores ávidos, como reyes,
por los que me desvivo
aún en el más crudo de los inviernos.
De los cuerpos exhaustos,
expuestos
a la intemperie de la sal.
De esos amores,
locos,
quemados,
a contraluz,
en los bares
y en las calles que arden
en fiestas,
repletas de gente.

Siempre hay música estridente en verano
y un gusto por lo efímero que conquista .

Y ese aire que me despeina,
el mismo que un día
revolcó mi pelo
y me reveló
lo feliz que podía ser en el desorden
de los besos,
en el caos de esos días imprevistos,
que nacen sólo
para morir
y renacer
convertidos en otros.

¿Sabes qué ocurre?
A pesar de que las ventanas
están ya abiertas,
de que el aire que ventila cada mañana,
religiosamente,
la casa,
trae las semillas de flores arrancadas,
en otros balcones muertas.
A pesar de que mis pies
buscan el consuelo
en el frío de las baldosas;
de que hace días
que mis jerseis de lana
yacen desordenados
dentro de mi armario,
sin que logre poner orden
al asombro
de su abandono.
A pesar de que mi balcón
luzca como ninguno,
con esos geranios rojos
y esa tupida menta,
que me pide a gritos que la ponga dentro de la jarra de te verde de la nevera,
antes de que se seque de pena.
A pesar de toda esa alegría que
inunda las calles
como nunca;
sigue,
sigue sin piedad,
reclamando en mí
un lugar
este invierno.

Voz: Patty Escalante

Fotografía: Hélène Laurent

Poema: Mayca Soto

LA POESÍA NO MUERDE

respuesta Mayca 2De verano y de poesía,
anuncias.

Entonces intento hablar
del sol
del calor
del azul del mar
de las olas
del amor
¡Qué tópico!

Y de los fulgores que se desvanecen
con la misma rapidez con la que siempre se derrite sólo mi helado.

De los colores ávidos, como reyes,
por los que me desvivo
aún en el más crudo de los inviernos.

De los cuerpos exhaustos
expuestos
a la intemperie de la sal.

De esos amores,
no puedo evitarlo,
locos, locos,
quemados y
a contraluz
en los bares
y en las calles que arden
en fiestas
repletas de gente.

Siempre hay música estridente en verano
y un gusto por lo efímero que conquista .

Y ese aire que me despeina y me enamora
el mismo aire que un día levantó mi falda
revolcó mi pelo
y me reveló
lo feliz que podía ser en el desorden
de los besos

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