DEMASIADO SOL (Experiencia veraniega “La Poesía no muerde”)

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Nueva colaboración en la Experiencia Veraniega de La Poesía No Muerde

Decías que mi boca
era demasiado pequeña
para abarcar
el poder de tu palabra
grandilocuente,
que llenaba todos los veranos,
las comidas,
humo de tabaco,
sobremesas de domingo.

De fuego estabas hecho.
Escondías como un maestro del olvido
a tu sombra.
Puro sol
en tu lengua,
tus labios,
tus manos,
tus pasos,
¿Dónde dejaste tu huella indeleble?

Mi refugio;
mi silencio de palabras
al que no llegaste jamás
ni te invité.

-¿Me quieres?
-Claro, qué pregunta.
Quizás en las cuatro paredes de aquel pequeño ascensor
planeabas ya tu huida.
Qué extraño,
nunca me sentí como una huérfana.

Alzaste un monumento en nombre del poder del arrojo
al que no fui capaz de escalar,
tampoco le envié flores
ni le dediqué reverencias.

La carencia de agresividad, decías:
te invalida para la vida,
no permite atravesar fronteras,
esas que tú tan bien conocías,
que ya habías conquistado
raudo,
veloz,
sin visados,
ni permisos,
ni ataduras,
ni añoranzas estúpidas,
que de nada te servían.
La culpa era un incómodo tacón roto
que jamás calzaste
o evitaste
con espíritu aguerrido y afamado

Pocas veces te ví en mis primeras fotos

Decías que la timidez
no era digna de tu estirpe,
que sólo servía para amamantar a crías desvalidas,
sin futuro,
sin futuro

¿Dónde estabas cuando nombraron mi sexo?
No te vi en aquella habitación triste,
ya emprendías el primer paso de tu escapada.
¿Y sabes? Nadie te dijo que no fue ella,
sino tú;
no fuiste capaz de engendrar al varón
que tanto deseabas,
huérfano
que anidabas,
en que te convertiste

Tuvimos que aprender a buscar,
a intuir
los resquicios
de tu amor
confundido
en nuestra propia mirada

Fue
ha sido
es

una búsqueda de amor

Es, y será,
un no hundirse
en la desesperanza.

Y a pesar de todo,
me diste tus ojos,
luz en la mirada,
paso firme,
coraje
y el renacer desenvuelto
de las lágrimas,
como el ave fenix
que tan bien conocías
y que no veías
en esa sangre también tan tuya.

© Mayca Soto

LA POESÍA NO MUERDE

Jesús Pullido Jesús Pullido

Decías que mi boca

era demasiado pequeña

para abarcar

el poder de tu palabra

grandilocuente

que llenaba todos los veranos

las comidas

humo de tabaco

sobremesas de domingo

De fuego estabas hecho

escondías como un maestro del olvido

a tu sombra.

Puro sol

en tu lengua

tus labios

tus manos

tus pasos

¿Dónde dejaste tu huella indeleble?

Mi refugio

mi silencio de palabras

al que no llegaste jamás

ni te invité

-¿Me quieres?

-Claro, qué pregunta

Quizás en las cuatro paredes de aquel pequeño ascensor

planeabas ya tu huida

Qué extraño,

nunca me sentí como una huérfana

Alzaste un monumento en nombre del poder del arrojo

al que no fui capaz de escalar

tampoco le envié flores

ni le dediqué reverencias

La carencia de agresividad, decías:

te invalida para la vida

no permite atravesar fronteras

esas que tú tan bien conocías

que ya habías conquistado

raudo

veloz

sin…

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