“Una sola palabra tiene el poder de hundirte o salvarte”

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Hoy comparto la entrevista que ha publicado la periodista Gemma Tramullas sobre Palabras a la Carta en la Contra de el Periódico:

Foto. Ferran Nadeu

Barcelona 09 12 2016. Mayca Soto, una de las creadoras de Palabras a la Carta. FOTO de FERRAN NADEU

Los científicos acaban de descubrir lo que muchas madres siempre han sabido, que el cerebro cambia con la práctica intensiva de la maternidad y, con él, las prioridades. Mayca Soto es periodista de oficio, pero cuando nacieron sus dos hijos se volcó en su crianza. Tras años de plena dedicación a la maternidad ha encontrado la forma de conjugar su pasión por la palabra, sus habilidades comunicativas y su creciente necesidad creativa a través de Palabras a la Carta, un servicio de escritura de cartas personalizadas de amor, desamor, despedidas, cumpleaños, aniversarios y amistad.

–¿Cuál es su relación con las palabras? Siempre me ha gustado escribir, sobre todo poesía, y trabajo como periodista desde hace 10 años. Pero la necesidad de expresar y canalizar mis sentimientos a través de la escritura se me acentuó con la maternidad.

–¿Por qué? La maternidad es una explosión de sentimientos y muchas mujeres nos sentimos muy solas y aisladas, sobre todo durante los primeros meses de crianza. Escribir poesía me aliviaba. Primero lo hacía solo para mí y más tarde abrí el blog El Gris de los Colores.

–¿Cómo pasó del blog a la página web http://www.palabrasalacarta.com? Todo empezó después de ver la película Her, que trata de un hombre que trabaja escribiendo cartas para acercar a las personas en una sociedad futurista en la que la gente se relaciona a través de las máquinas. Pensé que sería bonito ayudar a poner palabras a los sentimientos de la gente y con mi amiga Núria C. Mallart, que es escritora, nos pusimos a trabajar en la idea. Mi hijo pequeño iba a la escuela hasta las doce y media y antes de recogerlo yo me dedicaba a diseñar la web. Hice un curso de community manager, nos dimos de alta en Facebook, Twitter y aplicaciones de servicios como Heygo y en febrero pasado empezamos a funcionar.

–Pero si ya nadie escribe cartas. Al principio yo también pensaba que era una locura. Pero a veces queremos hacerle un regalo a alguien y no tenemos el tiempo o el ánimo para ponernos a escribir. Hace tres años murió mi hermana y, durante su funeral, una empleada de la funeraria leyó un texto basado en cuatro preguntas que nos había hecho a la familia. Era demasiado bonito, poco personal, desnaturalizado; aquella no era mi hermana. Yo no fui capaz de escribir nada, pero me hubiera gustado que alguien lo hubiera hecho por mí.

–¿Cuál fue la primera carta que escribió? La prueba de fuego fue una carta de un niño a su abuelo. Tenía que ser capaz de ponerme en la piel de un niño y escribir con un lenguaje sencillo. Cuando la leyó en voz alta, su abuelo y todos los que escuchaban rompieron a llorar. Ahí me di cuenta del poder de la palabra. Para mí, una sola palabra tiene el poder de hundirte o salvarte.

–¿Cómo logra ponerse en la piel del otro? No trabajo a partir de un cuestionario frío, sino que quedo con la persona para que me cuente su vida durante una o dos horas y después tengo que ser capaz de transmitir lo que siente. Una mujer que me pidió una carta me contó que después de leerla nadie creía que no la había escrito ella. Es lo más bonito que me han dicho.

–¿Qué virtudes personales le son útiles? La capacidad de escucha y la intuición; siempre he sido muy receptiva.

–Se nos está olvidando escuchar. Vivimos muy rápido y muy conectados, pero estamos poco acostumbrados a parar y buscar un espacio de silencio para conectar con nuestro interior e intentar expresar lo que sentimos. Todo se enfoca hacia fuera y poco hacia dentro. Escribir es mirar hacia dentro y sentarte con alguien que te ayude a escribir también es mirar hacia dentro porque tienes que esforzarte en explicarle a un desconocido lo que sientes.

Entrevista: Gemma Tramullas Foto: Ferran Nadeu

 

Enlace a la entrevista original, publicada en el Periódico de Cataluña el 21 de diciembre de 2016.

Carta de despedida a Yvonne

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Publicado originalmente en Palabras a la carta:
Pixabay
 
 
Como la luz que se cuela

por la rendija de la ventana al amanecer,

iluminando poco a poco nuestra habitación;

así llegaste a nuestras vidas, Yvonne,

suavemente,

alumbrando la penumbra,

acariciando con tu aliento nuestra sombra

hasta convertirla en día.

 

Del mismo modo,

con tu misma luz,

ahora nos dices adiós.

Y lo haces como una guerrera indómita;

valiente, generosa, justa y digna;

capaz de vencer,

de desgastar y limar,

los vértices de la vida;

dando suavidad donde solo había aspereza,

fuerza donde solo se preveía debilidad.

 

Y a pesar de todo,

de tu juventud y de tus días…,

breves como el suspiro de una primavera,

has sido nuestra maestra:

nos has regalado un cuenco lleno de alegría

para que podamos ahora verter allí nuestras lágrimas

sin que la sequedad de este aire, triste y acongojado, que ahora respiramos,

las evapore.

Y nos has regalado tu magia,

para que convirtamos estas lágrimas en tinta.

Yvonne, con esa tinta, vamos a dibujarte una casa en el aire,

como en la canción,

y unas palomas blancas que van a venir a visitarte,

y que hoy alzarán el vuelo.

Un vuelo elegante,

inteligente y

poderoso,

como el tuyo.

 

Así te imaginaremos,

Yvonne,

a ti y a Eva,

observándonos,

día y noche,

con vuestra mirada amorosa;

hasta que por fin nos abrace el amanecer que,

gracias a tu bondad,

iluminará de nuevo nuestra habitación

y nuestras vidas,

y el recuerdo que atesoramos de la tuya.

 
 
@Mayca Soto. Carta de despedida a Yvonne

LA NOCHE

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Publicado originalmente en SALTO AL REVERSO

 

“En los instantes de día que queda, la vida se precipita”. Cartas desde mi molino. En la Camarga. Alphonse Daudet.

 

Cierras los párpados,
te abraza en sus sábanas,
apoyas la cabeza
exhausta
en su hombro.
La noche amiga,
con sus silencios;
en el fragor de los sueños
que siempre olvidas,
libra tus batallas;
acalla la vida
cuando espanta.

Ya no te habla
el reloj;
ya no cuenta contigo,
pertinaz con su paso “martilleante”.
Se olvidaron tus zapatos,
por fin,
de tu cansino
desaliñado paso
de la tarde.

Duermes,
duermes,
duermes.

 

“El día es la vida de los seres; en cambio, la noche es la vida de las cosas”. Cartas desde mi molino. Las estrellas. Narración de un pastor provenzal. Alphonse Daudet.

 

El Gris de los Colores.

Cartas de amor y el poder de la palabra escrita

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Foto. Álvaro Serrano. Unsplash. Cartas de amor

Foto. Álvaro Serrano. Unsplash. Cartas de amor

“Me encanta escribirte, a ti más que a nadie. Desde siempre. Cuando te escribo, me siento un verdadero amante. Esta carta, que escribo a mano, con mi pluma, con mi caligrafía, sale de mí y de nadie más, y es un regalo para ti (…) Y no es una llamada de teléfono, que muere tan pronto como cuelgas. No, esto es tan solo mío, mi manera de escribir, mi estilo, el modo en que yo quiero mostrarme a ti, darme a ti a través de la distancia, sin esconder ni retener nada de lo que soy, dándote este trozo de mí totalmente, y tú puedes romperme, tirarme o guardarme, y leerme hoy, mañana, siempre que quieras, hasta la muerte…”

Cartas de amor. A.R. Gurney.

 

He elegido este magnífico fragmento de Cartas de amor, del autor estadounidense A.R. Gurney, porque en él, Andy, uno de los protagonistas de la obra, defiende el uso de la palabra escrita para comunicarse de manera auténtica con otra persona.

Andy y Melissa, los dos personajes de la obra, se relacionan por carta durante cincuenta años. Es a través de esta correspondencia, a veces tan corta como un WhatsApp actual, que el autor nos lleva de la sonrisa a la lágrima con sencillez y maestría. Las palabras demuestran una vez más su poder para explicar nuestros anhelos, fracasos, éxitos, alegrías, bajezas y, en definitiva, nuestro recorrido vital.

La obra se llevó por primera vez al teatro el 4 de noviembre de 1988, en el Long Wharf Theater de New Haven, Connectitut. Desde entonces, no ha dejado de estrenarse en los escenarios de todo el mundo, y grandes actores han querido dar voz a Andy y Melissa. En España, ahora es el turno de Júlia Gutiérrez Caba y Miguel Rellán, que protagonizan  la adaptación de la obra que dirige el director de cine y teatro David Serrano en los Teatros del Canal de Madrid.

En Palabras a la Carta, y en el blog que hemos estrenado recientemente en WordPress, entrevistamos a David Serrano, que nos explicó qué ha representado para él trabajar con estos dos grandes actores. ¿Quieres leer la entrevista?:

David Serrano: “Recibir una carta es emocionante”

 

Crónica de un baile

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Crónica de un baile, publicado en Salto al reverso:

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Foto Ferran Nadeu

Acicalados: de blanco impoluto y atrevido, él; de un rojo entallado y coqueto, ella. Bailaban abrazados, dibujando dos eses superpuestas, cadenciosas; enredadas en las notas bien entonadas de la orquesta.

Los pies del bailarín marcaban el inicio de nuevos movimientos; los de ella, seguían con gracia cada paso, cada rápido viraje, cada vuelta prodigiosa. Parecía que alguien hubiera dibujado un trayecto imaginario en el suelo para que ambos ancianos no se perdieran en su deambular rítmico y se pudieran deslizar como maestros del baile, sin titubeos.

Después del tango, un vals, un bolero y un paso doble…; cualquier canción la bailaban bien. Un tiempo pretérito, como salido del sombrero de un mago, brincaba a sus anchas en la plaza Mayor del pueblo, engalanada de fiesta; y resucitaba el romanticismo de una época venida a menos, pero ahora resarcida con su destreza. Sus manos, arrugadas y endurecidas con el trabajo en el campo, rodeaban la estrecha cintura de la mujer, que el paso de los años no había conseguido ensanchar. El cuerpo femenino se amoldaba al suyo, entregándose dócil a las reglas clásicas de la danza en pareja y al recuerdo de tantos bailes compartidos.

Rodeando la plaza, dos hileras de sillas de madera invitaban a la observación. Y desde allá, los curiosos mirábamos asombrados cómo una quincena de parejas de jubilados, algunos nonagenarios, vencían las leyes del tiempo, y conseguían olvidar la artrosis, la osteoporosis y cualquier otra dolencia propia de su edad. Habían vuelto a subir al escenario de la vida por un par de horas y, sin duda, lo habían vuelto a conquistar.

De pronto, me fijé en un hombre de unos setenta años, vestido con un elegante traje negro que esperaba de pie al otro lado de la plaza. Parecía impaciente, y no le quitaba el ojo a la diestra bailarina vestida de rojo. Antes de que acabara la canción, otro vals, se adentró en la pista de baile y sorteó ágilmente a las parejas que se cruzaban en su trayectoria, hasta que llegó a su objetivo; entonces, tropezó deliberadamente con la mujer y se las apañó para entregarle, con un leve roce de manos, lo que me pareció un papel doblado, que ella recogió y escondió con disimulo entre sus dedos.

Pensé que quizás me lo había imaginado, pero cuando ví que la anciana bailarina salía de la pista y se sentaba en el banco más alejado y menos alumbrado por las farolas, no pude dejar de observarla. Abrió el papel, lo leyó, suspiró, sonrió levemente y miró coqueta hacia la plaza. El hombre vestido de negro ya no estaba. Y su pareja, esperándola, le lanzaba una suspicaz mirada desde la pista de baile.

@Mayca Soto

 

 

LA VOZ DE LAS COSAS

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Nueva poesía de El Gris de los Colores en Salto al reverso:

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Foto Pixabay. CCO Public Domain

 

Pared recién pintada

En el principio de todas las cosas
había una estantería vacía,
enmarcada en el centro
de una pared recién pintada de blanco.

Y más abajo, otra estantería colgaba
como una promesa;
suspendida en mi imaginación
aparecía repleta de libros
sobre una mecedora.

Nada ocurre como en los sueños.
    
En el armario

Un jersey descolorido y
doblado en tus tres pliegues
yace ahora en el armario;
panteón de los recuerdos;
único testimonio de que no fue un sueño.

Debería volver a pintar ese armario,
arrancar ese verde que tanto te gustaba,
quitarle a brochazos esa sonrisa burlona de: «Ya te lo dije».

Miro incrédula una gran percha:
todavía acoge con solemnidad
tu camisa, planchada a desgana hace siglos,
porque no te gustaba…,
como yo.

Y aquel tercer cajón,
que dejaste vacío y entreabierto,
contradiciendo la fuerza
de ese último portazo;
… todavía no fui capaz
de cerrarlo.

No me dijiste adiós.

  
Mayca Soto

Publicado originalmente en Salto al reverso

 

Votaciones de la convocatoria especial para la revista Salto al reverso

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Votaciones de la convocatoria especial para la revista Salto al reverso

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