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PE-RI-NÉ

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Periné
¿Qué?
Periné.
¿Cómo?
PE-RI-NÉ.

Nudo de musculaturas,

desconocido laberinto.

El sexo,

tu sexo embarazado,

desdibujado,

en un segundo plano,

tras el PE-RI-NÉ.

Reino blanco

de princesas efímeras

y de reinas madre

y de mujeres sabias.

Centro de gravedad,

sostén de trapecistas

oriundas,

esbeltas,

equilibristas,

hermosas.

Tela de araña tejida,

fina y precisa,

escondida,

anhelada,

tensionada,

distendida,

contraída,

relajada.

Sube y

Baja.

Baja,

sube y

baja.

A su antojo,

¿o al tuyo?

La vida en un túnel.

Sabiduría

huidiza de los tempos,

vestida de paciencia,

de saber milenario de siglos,

ignorado por bisturís impacientados.

Pero… ¿se relaja?,

¿se contrae bien?,

¿se distiende lo suficiente?,

¿cuando quieras abrirte paso,

cederá?

¿Sabrá ser cuerda elástica,

un tirachinas de la cabeza a los pies?

Unta que te unta

aceite de rosa mosqueta

© Mayca Soto

LA NOCHE ANUNCIÓ LLUVIA

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Amanece el gris
de este día.
La noche ya anunció lluvia;
de carencias.
Pero no creo en el rumor
de este viento helado,
que entumece nuestros ojos todo el día.

Cierro las puertas
y aún así
penetra esta humedad,
resbaladiza,
mohosa,
devoradora,
alojada desde ayer
en las bisagras de las puertas.
Y yo, que creí ver,
no la vi llegar.
Y ahora no sé con qué abrigarme del asombro del temor;
sé que no tengo suficiente ropa,
que no puedo proteger sus hombros desvalidos,
quemados por este sol
abrasador,
que no es sol,
que es una carcoma
aficionada a la agresividad
de la negrura.

¿Cuánto tiempo tardan en ahogarse las bestias
que habitan la luz de nuestro día?
Los minutos ya se han convertido en horas.
Y las horas, en días.
Y los días, en meses.
Y los meses amenazan con no acabar nunca.
Quiero celebrar su caída.
¿Y si mojamos nuestras manos
en agua helada,
y si los hundimos hasta congelar su respiración?
Algo más se debe de poder hacer
que esperar a la desenvoltura de las máquinas,
al saber de una ciencia que desatiende el alma.

Corazón, encárgate que su luz sea
capaz de aunarse con el sol.
Siempre lo fue,
solo que ahora no lo recuerda

Dime que mañana
amanecerá
el instante de la bienvenida,
del roce de manos
y del abrazo.
Dile a ese instante que no parta aún,
al menos no antes de aparecer en nuestro horizonte,
hambruno,
loco por la esperanza.

Lo sé, lo sabes,
la vida te aguarda.
Aunque sin sonrisas,
sería un delito esquivarla.

Me guardo para ti
toda la esperanza.

© Mayca Soto

A mi hermana, llena de luz

 

EL TIEMPO ENTRE MIS MANOS

Imagen

playa

No sabía que era capaz de detener el tiempo
entre mis manos,
sostenerlo como si fuera una instantánea figurada
para oirlo respirar,
palpitar,
por sus cuatro costados.
Pero aquella tarde
lo fuí.
Y la irremediable caducidad
no supo qué contestarme.

Vuestros ojos se divertían
resiguiendo la adivinanza que se amaga tras las nubes,
hasta que vuestra mirada
se desvió expectante hacia un retumbar conocido:
un camión de basuras recolocaba con precisa destreza los contenedores de colores.
Se fue
y al vacío no le importó colmarse con vuestros juegos atolondrados;
aspavientos de payasos improvisados,
capaces de colorear con risas el aire,
de vestirse sin disfraz de gigantes y dragones orquestados,
y de poblar cada rincón inerte de oportunos sinsentidos,
de instantes sin minutero,
mientras de vuestros bolsillos mudos brotan pañuelos de colores
y se ríen vuestros ombligos
sin aliento.
En el pasillo que da a la calle no había espacio ni para las flores,
solo para una infancia juguetona que se aburre con los nudos de los zapatos.

Os observaba en silencio,
partícipe de vuestra espontánea complicidad,
agarrada a un instante que no sabía nada de la inmortalidad.
Y yo sin tiempo ni atino para armar cualquier explicación magistral.

La instantánea rebosó mi mirada,
cayendo como líquido desbordado.
En un esfuerzo por recogerla del suelo,
ya convertida en charco,
advertí de la hermosa postal
que se escurría entre mis manos.
La atesoré en mis ojos,
con tal gratitud,
que, pese a todo,
la eternidad vino a saludarnos.

© Mayca Soto

SIETE PERLAS

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UNAISIETEPERLAS

El metro pasó,
con voluntad férrea,
sin detenerse.
Nos dejó boquiabiertos en el andén,
pero a mí me dio por salir corriendo a buscar tus siete años,
que adiviné perdidos en el último vagón.

Tras una árdua carrera conseguí alcanzarlos.
Y cuando tuve tus siete perlas en mis manos,
en unos segundos,
no hice más que mirarlas por horas.

Deseé protegerlas del ruido,
de la urgencia de las prisas,
de la vida sin juego.
Las acaricié,
las dejé deslizarse entre mis dedos,
admiré su color blanco,
y las ensarté por fin en un fino y bonito collar,
que aún cuelga de tu cuello.

A Unai

© Mayca Soto

DUÉRMETE NIÑO

Imagen

Eres como un ocho,
enroscado en tu tibieza,
dentro del caparazón de una concha.

Colgado de la teta flotas
en el limbo del amor materno.

Con el murmullo afinado y amoroso
de canciones de cuna,
te arrullo.

Duérmete niño…

Y el sueño,
reparador,
te acoge en su lecho.

No existe el miedo
ni la angustia
ni el frío
ni el dolor
ni el llanto.

© Mayca Soto

EL GIRADOR

Imagen

gira

Gira que gira,

gira que gira,

gira que gira

¡Y GIRARÁS!

(No pares nunca de girar)

 © Mayca Soto

EL TOBOGÁN

Imagen
tobogan
Cuatro peldaños
de vértigo.
Diminutos,
vacilantes,
tus pies escalan
suspendidos en el aire,
en un suspense.
Un aliento más
y llegas a la cima.
Tus ojos brillan.
Se ensancha,
se agranda
tu mundo
pequeño.
Una, dos y …
La bajada te aguarda.
¡TRES!
Una, dos y…
La vida te espera.
¡TRES!
Una, dos y…
¡TÉS!
Anuncias a dúo
y tus temores desanudas.
El suspense es ahora
una cosquilla en el vientre,
un abrazo cálido
de la gravedad.
Mis manos aguardan
con un suspiro,
pero sólo el aire detienen.
Porque la gesta es tuya.
La conquista de tu mundo,
la derrota de tu miedo,
no llevan más que tu nombre.

© Mayca Soto