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Manual de Primeros Auxilios

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Nueva colaboración para Salto al reverso

Foto. Ferran Nadeu

Foto. Ferran Nadeu

 

 

 

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

Lavé esa herida,

bien sé que la enjuagué

y la desinfecté,

tal y como indica el Manual de Primeros Auxilios:

«Deje usted el grifo abierto para que caigan

muchas lágrimas,

un tormento de lágrimas

que desborde el estanque,

la acequia,

la laguna estancada,

y se convierta en torrente

que inunde los campos

en barbecho

y levante grietas

en las calzadas

acorazadas;

échele también un buen chorro de desinfectante,

del más potente que encuentre,

cuyos vapores sean capaces hasta de despejar de nubes

los paisajes,

desatascando

los pulmones

más acongojados;

y así podrá tomar impulso

para continuar de nuevo.»

 

Bien sé que la lavé.

Aproveché, como me indicaron,

las noches de tormenta

y las sombras apenas deslumbradas

por el sol;

me serví también del viento de Levante,

el que se lleva consigo la arena,

barriendo las playas

—y quise yo también

salir volando—.

 

Bien sé que la acuné,

a esta herida,

y le canté una nana imposible

—añorando el refugio a salvo

de la muerte,

el dolor—,

que a pesar de todo sonaba bien.

 

Bien sé que la socorrí,

a esta herida mía;

a conciencia,

como indica el Manual de Primeras Curas

para principiantes.

 

Bien sé que,

a pesar de todo,

sigue

y seguirá abierta;

sin cicatrizar,

contradiciendo todas las guías

de los más expertos

maestros de lágrimas.

 

Mayca Soto

Ver en Salto al reverso

Esperanza

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Nueva colaboración para Salto al reverso

Foto Ferran Nadeu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Caminas por la ciudad,
doblas sus esquinas,
cruzas sus calles desiertas,
casi olvidadas;
también sus avenidas asfixiadas
en tu trayectoria laberíntica.
Respiras el humo de demasiados tubos de escape;
partículas diminutas en suspensión viajan hacia tus pulmones
para quedarse.
Encuentras semáforos en rojo;
esperas,
esperas
y esperas paciente
el cambio al verde…
Aparece el ámbar;
una luz parpadeante,
un aviso de peligro,
una llamada a la duda es la prudencia.
Tu pie titubea,
tan bien como tu boca;
el asfalto quema en la calzada
y, maldita sea, te rompiste las sandalias de dedo
tras sobresaltarte con el ladrido estridente
del puto claxon de un camión
inhumano.
Pensaste que esas playeras no servían para caminar,
pero no te hiciste caso y zanjaste la duda con un portazo.
Ahora tendrás que sortear descalza las piedrecitas pequeñas
que no se ven,
peor son los cristales rotos de esas botellas quebradas.
Dejas tus huellas invisibles en el asfalto;
el cemento y el alquitrán jamás se estremecieron
ante el roce de la piel.
Vives en una selva
de ladrillos y anhelos
de amor.
«Continúa, continúa», piensas sin verte,
«en la próxima esquina, seguro que encontraré un taxi».

 

Originalmente publicada en Salto al reverso

Mayca Soto

Foto: Ferran Nadeu

DEMASIADO SOL (Experiencia veraniega “La Poesía no muerde”)

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Nueva colaboración en la Experiencia Veraniega de La Poesía No Muerde

Decías que mi boca
era demasiado pequeña
para abarcar
el poder de tu palabra
grandilocuente,
que llenaba todos los veranos,
las comidas,
humo de tabaco,
sobremesas de domingo.

De fuego estabas hecho.
Escondías como un maestro del olvido
a tu sombra.
Puro sol
en tu lengua,
tus labios,
tus manos,
tus pasos,
¿Dónde dejaste tu huella indeleble?

Mi refugio;
mi silencio de palabras
al que no llegaste jamás
ni te invité.

-¿Me quieres?
-Claro, qué pregunta.
Quizás en las cuatro paredes de aquel pequeño ascensor
planeabas ya tu huida.
Qué extraño,
nunca me sentí como una huérfana.

Alzaste un monumento en nombre del poder del arrojo
al que no fui capaz de escalar,
tampoco le envié flores
ni le dediqué reverencias.

La carencia de agresividad, decías:
te invalida para la vida,
no permite atravesar fronteras,
esas que tú tan bien conocías,
que ya habías conquistado
raudo,
veloz,
sin visados,
ni permisos,
ni ataduras,
ni añoranzas estúpidas,
que de nada te servían.
La culpa era un incómodo tacón roto
que jamás calzaste
o evitaste
con espíritu aguerrido y afamado

Pocas veces te ví en mis primeras fotos

Decías que la timidez
no era digna de tu estirpe,
que sólo servía para amamantar a crías desvalidas,
sin futuro,
sin futuro

¿Dónde estabas cuando nombraron mi sexo?
No te vi en aquella habitación triste,
ya emprendías el primer paso de tu escapada.
¿Y sabes? Nadie te dijo que no fue ella,
sino tú;
no fuiste capaz de engendrar al varón
que tanto deseabas,
huérfano
que anidabas,
en que te convertiste

Tuvimos que aprender a buscar,
a intuir
los resquicios
de tu amor
confundido
en nuestra propia mirada

Fue
ha sido
es

una búsqueda de amor

Es, y será,
un no hundirse
en la desesperanza.

Y a pesar de todo,
me diste tus ojos,
luz en la mirada,
paso firme,
coraje
y el renacer desenvuelto
de las lágrimas,
como el ave fenix
que tan bien conocías
y que no veías
en esa sangre también tan tuya.

© Mayca Soto

LA POESÍA NO MUERDE

Jesús Pullido Jesús Pullido

Decías que mi boca

era demasiado pequeña

para abarcar

el poder de tu palabra

grandilocuente

que llenaba todos los veranos

las comidas

humo de tabaco

sobremesas de domingo

De fuego estabas hecho

escondías como un maestro del olvido

a tu sombra.

Puro sol

en tu lengua

tus labios

tus manos

tus pasos

¿Dónde dejaste tu huella indeleble?

Mi refugio

mi silencio de palabras

al que no llegaste jamás

ni te invité

-¿Me quieres?

-Claro, qué pregunta

Quizás en las cuatro paredes de aquel pequeño ascensor

planeabas ya tu huida

Qué extraño,

nunca me sentí como una huérfana

Alzaste un monumento en nombre del poder del arrojo

al que no fui capaz de escalar

tampoco le envié flores

ni le dediqué reverencias

La carencia de agresividad, decías:

te invalida para la vida

no permite atravesar fronteras

esas que tú tan bien conocías

que ya habías conquistado

raudo

veloz

sin…

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De verano dices (Experiencia veraniega “La Poesía no muerde”)

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Colaboración en la Experiencia Veraniega de La Poesía no muerde

De verano y de poesía,
anuncias.
Entonces intento hablar
del sol,
del calor,
del azul del mar,
de las olas,
del amor…
¡Qué tópico!
Y de los fulgores que se desvanecen
con la misma rapidez con la que siempre se derrite sólo mi helado.
De los colores ávidos, como reyes,
por los que me desvivo
aún en el más crudo de los inviernos.
De los cuerpos exhaustos,
expuestos
a la intemperie de la sal.
De esos amores,
locos,
quemados,
a contraluz,
en los bares
y en las calles que arden
en fiestas,
repletas de gente.

Siempre hay música estridente en verano
y un gusto por lo efímero que conquista .

Y ese aire que me despeina,
el mismo que un día
revolcó mi pelo
y me reveló
lo feliz que podía ser en el desorden
de los besos,
en el caos de esos días imprevistos,
que nacen sólo
para morir
y renacer
convertidos en otros.

¿Sabes qué ocurre?
A pesar de que las ventanas
están ya abiertas,
de que el aire que ventila cada mañana,
religiosamente,
la casa,
trae las semillas de flores arrancadas,
en otros balcones muertas.
A pesar de que mis pies
buscan el consuelo
en el frío de las baldosas;
de que hace días
que mis jerseis de lana
yacen desordenados
dentro de mi armario,
sin que logre poner orden
al asombro
de su abandono.
A pesar de que mi balcón
luzca como ninguno,
con esos geranios rojos
y esa tupida menta,
que me pide a gritos que la ponga dentro de la jarra de te verde de la nevera,
antes de que se seque de pena.
A pesar de toda esa alegría que
inunda las calles
como nunca;
sigue,
sigue sin piedad,
reclamando en mí
un lugar
este invierno.

Voz: Patty Escalante

Fotografía: Hélène Laurent

Poema: Mayca Soto

LA POESÍA NO MUERDE

respuesta Mayca 2De verano y de poesía,
anuncias.

Entonces intento hablar
del sol
del calor
del azul del mar
de las olas
del amor
¡Qué tópico!

Y de los fulgores que se desvanecen
con la misma rapidez con la que siempre se derrite sólo mi helado.

De los colores ávidos, como reyes,
por los que me desvivo
aún en el más crudo de los inviernos.

De los cuerpos exhaustos
expuestos
a la intemperie de la sal.

De esos amores,
no puedo evitarlo,
locos, locos,
quemados y
a contraluz
en los bares
y en las calles que arden
en fiestas
repletas de gente.

Siempre hay música estridente en verano
y un gusto por lo efímero que conquista .

Y ese aire que me despeina y me enamora
el mismo aire que un día levantó mi falda
revolcó mi pelo
y me reveló
lo feliz que podía ser en el desorden
de los besos

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