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Este aliento

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Origen Salto el reverso: Este aliento

 

 

 

No vinimos para quedarnos,

bien lo sabe este pájaro

que alza el vuelo,

o la nube

que se diluye en nuestro cielo,

como agua entre los dedos.

Pero este aliento,

bocanada de aire codiciada por los vivos,

siempre huye de la muerte;

sabe del calor en otros labios,

sabe del olor de la tierra

cuando se revisten sus huellas;

sabe de tu roce,

vida,

en su pulso acelerado.

 

Mayca Soto. El gris de los colores

DE GRAVEDADES

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cable llum

Tuvimos que beber un vaso lleno
de tristeza,
apenas sin sed,
de golpe,
sin respiro,
de un salo trago,
y con la rigidez de una boca dolida,
muda,
con dientes sellados,
la lengua engullida por un paladar,
que devora palabras,
y en el centro del pecho:

un agujero negro.

No hay mayor gravedad que la tristeza.

Tiene un sabor amargo
la tristeza,
diría que hasta metálico.                              Punzante es el eco del metal en el vacío.

Metálico de frío.
Frío de paralizado.

Paralizada.
Paralizada.

Nuestra boca sin aliento,
llena de tristeza apurada de un solo trago,
casi nos ahogamos de tan rápido que la bebimos.
Nos abrasó la garganta,
nos quemó en el estómago,
y allí perdimos su pista,
tras un sopor dulce que adormeció los sentidos.

Ahora yo la bebo a pequeños sorbos,
esta tristeza.
No sé apurarla de golpe.
Se le antoja aparecer de pronto en medio de una sonrisa,
para recordarme que, a esta sed nuestra,
no hay nada que la amanse.

Después de habitarnos por dentro,
y de afianzar raíces,
a través de nuestros poros, de los pliegues de nuestra piel,
en los recovecos inocentes de cada órgano que respira,
duerme ahora agazapada en los rincones de la mente,
y se despierta, de pronto,
en recuerdos asaltantes,
en imágenes y olores persistentes, encadenados laboriosamente con la realidad;
como aquel rosal que te regalé para acompañar la soledad de tu terraza
despoblada,
como aquella magnolia blanca que padileció de sed aquel intenso verano,
como aquel anillo de colores que tanto te gustó, y que bailaba entre tus dedos alegremente,
ignorante de la soledad envuelta en el frío de un porvenir gafado.

Es inocente pensar en la magia,
aquellos regalos bien intencionados no supieron contenerla.

Se despierta a ratos esta tristeza,
se despereza y amiguea con otras tristezas presentes o adormecidas,
y al final uno no sabe si llora
por tu ausencia,
o quizás por todo el pesar que no encontró descanso,
por todas las lágrimas que no supimos verter en la cuenca de nuestras manos,
entrelazadas unos instantes.

Hay un reflejo en un cristal ahumado;
una cara protegida tras unas benditas gafas de sol,
y un eco en estos pasillos que no reconozco,
demasiado tosco.
El cielo que observo adolece de un gris metálico.

Metálico de frío.
Frío de paralizado.

Paralizada.
Paralizada.

© Mayca Soto

Las palabras son un bálsamo que no cura

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foto poema

Aparecen siluetas en cada recodo de la casa;
son sombras de la incredulidad que aún nos puebla.
Y lágrimas,
demasiadas lágrimas
negadas de consuelo,
suspiros contenidos,
esperanzas maltrechas.

Maldita esperanza,
nos dejaste con el sabor metálico
de un engaño compartido.
Cómo fuiste capaz de desviar tu mirada de nuestro consuelo,
ignorándonos aún a sabiendas que nunca más creeríamos.
¿Dónde estás ahora esperanza?:

Desaparecieron los hilos invisibles, tan endebles, desde los que nos aferrábamos a la ignorancia y al revuelo de la cotidianeidad.

Y en nuestras manos
y en las tuyas, tan frías,
toda tu soledad,
que ahora es también nuestra;
y deseos a trizas,
suma de días,
promesas vacías de salvadores adictos al talonario,
mentiras piadosas,
y verdades como un templo negadas,
invisibles, de tanto que nos empeñamos en despeñarlas.

Rememoro imágenes,
huellas que dejaste en la memoria.

Y cómo caminabas de pronto,
de puntitas,
sin hacer ruido,
sin apenas apoyar los pies,
sin hacer ruido,
porque te morías,
de a poco,
sin hacer ruido.

Y tantos ojos ciegos que ahora te miran.

Ya de vuelta, tu camino;
sin admitirlo,
y ya de vuelta.

Recuerdos,
que ya son fotos ajadas,
malditas por un dolor que no conjugaba bien con tu sonrisa.
Luchar, amar, sentir, soñar, en primera persona,
te combinaban mucho mejor.
Sonrisa de fachada, de amor sin vuelta ni retorno, de desgaste,
de mazazos de valor, hecha.

Los recojo,
los recuerdos.
Y los guardo
en mi nueva y adusta caja de cenizas,
tan nueva que asusta,
preguntándome por qué no conseguí
ni quise darme cuenta
que, muy a tu pesar y el nuestro,
ya no volverías.

Y ahora sólo nos queda tu mancha de té en el sofá nuevo,
que a pesar de todo es capaz de restar incólume en el tiempo.

Y nos duele el aire que respiramos,
tú ya no lo respiras.

Ayer encontré el pequeño tubo de pasta de dientes,
¿recuerdas? Me resistía a probarlo,
en esa insistencia mía por no hacerte caso,
lo dejaste en el armario del lavabo,
envuelto a saber por qué en un concienzudo trozo de papel.

Y nos entristece la mirada
de lo que ya no ves.
Y nos resuena en los oídos
el sonido de las palabras que no pronunciamos,
ni pronunciaremos,
y que ya nunca serán nuestras.

Las palabras son un bálsamo

que no cura.

© Mayca Soto