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LA VOZ DE LAS COSAS

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Nueva poesía de El Gris de los Colores en Salto al reverso:

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Foto Pixabay. CCO Public Domain

 

Pared recién pintada

En el principio de todas las cosas
había una estantería vacía,
enmarcada en el centro
de una pared recién pintada de blanco.

Y más abajo, otra estantería colgaba
como una promesa;
suspendida en mi imaginación
aparecía repleta de libros
sobre una mecedora.

Nada ocurre como en los sueños.
    
En el armario

Un jersey descolorido y
doblado en tus tres pliegues
yace ahora en el armario;
panteón de los recuerdos;
único testimonio de que no fue un sueño.

Debería volver a pintar ese armario,
arrancar ese verde que tanto te gustaba,
quitarle a brochazos esa sonrisa burlona de: «Ya te lo dije».

Miro incrédula una gran percha:
todavía acoge con solemnidad
tu camisa, planchada a desgana hace siglos,
porque no te gustaba…,
como yo.

Y aquel tercer cajón,
que dejaste vacío y entreabierto,
contradiciendo la fuerza
de ese último portazo;
… todavía no fui capaz
de cerrarlo.

No me dijiste adiós.

  
Mayca Soto

Publicado originalmente en Salto al reverso

 

Manual de Primeros Auxilios

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Nueva colaboración para Salto al reverso

Foto. Ferran Nadeu

Foto. Ferran Nadeu

 

 

 

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

Lavé esa herida,

bien sé que la enjuagué

y la desinfecté,

tal y como indica el Manual de Primeros Auxilios:

«Deje usted el grifo abierto para que caigan

muchas lágrimas,

un tormento de lágrimas

que desborde el estanque,

la acequia,

la laguna estancada,

y se convierta en torrente

que inunde los campos

en barbecho

y levante grietas

en las calzadas

acorazadas;

échele también un buen chorro de desinfectante,

del más potente que encuentre,

cuyos vapores sean capaces hasta de despejar de nubes

los paisajes,

desatascando

los pulmones

más acongojados;

y así podrá tomar impulso

para continuar de nuevo.»

 

Bien sé que la lavé.

Aproveché, como me indicaron,

las noches de tormenta

y las sombras apenas deslumbradas

por el sol;

me serví también del viento de Levante,

el que se lleva consigo la arena,

barriendo las playas

—y quise yo también

salir volando—.

 

Bien sé que la acuné,

a esta herida,

y le canté una nana imposible

—añorando el refugio a salvo

de la muerte,

el dolor—,

que a pesar de todo sonaba bien.

 

Bien sé que la socorrí,

a esta herida mía;

a conciencia,

como indica el Manual de Primeras Curas

para principiantes.

 

Bien sé que,

a pesar de todo,

sigue

y seguirá abierta;

sin cicatrizar,

contradiciendo todas las guías

de los más expertos

maestros de lágrimas.

 

Mayca Soto

Ver en Salto al reverso

Despropósito

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Nueva colaboración para Salto al reverso
 
 


Foto: Fran Parra Carrión. Impermanencia. Foto bajo licencia CC BY-SA 2.0
 
 
 
 
 
 

 
 
 

¿Cómo se vuelve invisible lo visible?

¿Cómo se deshace lo tangible?

Si un día le diste nombre,

¿por qué no lo encuentras?

Existió;

tuvo un espacio

en el álbum de los sueños.

Se requiere de esfuerzo,

no de desmemoria.

Hay intención en lo hondo

de un despropósito.

Pero ¿por qué este empeño en dejar intacto el polvo?

 

Mayca Soto

Originalmente publicada en Salto al reverso
 
 

Sant’Antioco y una lectura

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Poema originalmente publicado en Salto al reverso.

 

Foto. FerraN Nadeu

Foto. Ferran Nadeu

 

«…Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven…»Saramago, José. Ensayo sobre la ceguera
  
Si no fuera ciega,
vería el azul
impregnando un horizonte
lleno de promesas antiguas.
Fornidos hombres
que izan sus banderas.
En sus barcas, velas altaneras,
infladas con el miedo
de los valientes.

Sentiría también el vértigo
del aire,
detenido en la cima de los acantilados
de esta costa escarpada
e indómita,
poblada de maquia,
solo maquia
en la boca del sediento.
Escarbar en la tierra,
entre arbustos
que dibujan la silueta del viento,
y encontrar tierra
y más tierra.
Echar raíces
entre las rocas
para vencerla.

Vería también el amor
en tu mirada,
en la vuestra,
y su color primigenio,
desprovisto de significados.
Vuestros ojos
y los míos
ya no serían vuestros,
serían del mundo,
como aquel faro
que dibuja haces de luz
en el oleaje,
pintando siempre estas tormentas
nuestras
que no buscan
sino desprenderse
del abrazo del náufrago.

Si no estuvieran,
estuviéramos,
ciegos,
nuestro mar
no sería
grito,
cementerio,
espejo infame
de injusticias,
parálisis
y desamor.

Si fuera ciega,
no sabría del amor
que nace al borde
y en el centro mismo
de un abismo.

Toda una vida
con ojos que no ven
no sirve
para nada.

Si no hubiera estado ciega,
habría sabido calcular
las coordenadas
de tu miedo;
dolor insoportable,
siempre queriendo dirigirse
con coraje
al norte.

Y tuviste que desprenderte
de tus ojos
para que yo comenzara a ver.

Si no hubieras estado ciega,
habríamos avistado
la muerte
inevitable
en tierra firme,
como aquellos aguerridos marineros
en sus barcas,
que también sabían hundirse
sin forcejear contra la corriente.
Pero preferiste aferrarte
a la esperanza.

Me pediste un mandala
que te regalé
y que no coloreaste.

Y me pregunto
para qué quería mis ojos,
para qué los quiero,
si no sabían ver.

Y aún debo aprender
a mirar,
a mirarte,
a mirarnos,
a mirarme
bien.

Mayca Soto

Ver original en Salto al reverso