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La báscula

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Publicado originalmente en Salto al reverso

Esta báscula marca el peso
de todas tus cosas:
de los pantalones,
del jersey,
de los calcetines
y de tu pelo
lacio,
pero también de esta boca inerte
y sus palabras mudas;
y del entrecejo,
y del aire que inspiras
como un pez,
en cada bocanada
de aire,
y de la carne
vencida;
y de los calcetines,
y de la camiseta,
y del último sorbo de café de la mañana
y del primero,
pero también de la memoria
que te pesa,
y del abrazo que no diste,
y del abrazo que no diste,
que aun de muerto no pese,
también pesa.
Y de tus huesos
y de los órganos
heridos de recuerdos;
también sabe su peso.
Y del sonido de tu voz
extraña,
y de este rostro en el espejo,
y de estos ojos
sin lágrimas;
la báscula también marca el peso de esas lágrimas,
las que están sin estar;
esas,
esas lágrimas,
siempre pesan más que tus zapatos.

Mayca Soto. El Gris de los Colores.

Experta en decir adiós

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Aprendiste a decirme adiós antes de que esta palabra cupiera en tu boca.
  
Me lo dijeron antes tus manos,

cuerdas rotas en tu regazo.
  
Me lo contó tu silencio:

había tres grietas en el techo,

también una baldosa rota por un costado,

en el suelo, tus bambas manchadas de barro,

nueve, o quizás diez,  libros sobre la cómoda;

tres manchas de café en la funda del sofá desvencijado,

sobre la silla, mi abrigo reposaba, esperando,

en la cama, una sábana sin arrugas,

también conté dos mosquitos aplastados,

sórdidos;

y a cada segundo, dos pestañeos

insulsos

en tus ojos extraños;

qué más puede hacerse entre tanto silencio.
  
Aprendí a adivinar tu adiós

como un zahorí encuentra agua en el fondo de la tierra;

solo que yo no quería,

no quería encontrarla

ni beberla

ni mirarla.
  
Al final, para ayudarte

—más de cien quilos de sal pesa tu silencio—;

cargué tu adiós,

y te lo dije yo.
  
Mayca Soto. El gris de los colores.
Publicada también en Palabras a la Carta. Palabras a la Carta.

Más café

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Foto. Natalie Collins. Unsplash

Publicado originalmente en Salto al reverso

Abrazo con mis manos
la taza de café
como si fuera la última vez,
mientras este oro negro
arroja cincuenta mililitros
de esperanza
en mi nuevo día.

Cincuenta mililitros dan para mucho,
aun en los amaneceres más desvaídos:
con el primer trago, bendigo la suerte de estar viva,
y apago la sed de ti:
dulce cafeína.

Un segundo sorbo;
diez mililitros más,
y la noche da un paso atrás;
quedaron sin boca los monstruos que tejen trampas,
y después esperan, trasmudados,
bajo las alcantarillas.

No ha salido el sol aún,
pero todo se sitúa
en su justo espacio,
ocupando
la medida exacta
de las cosas.

El viento arrastra una densa nube negra,
que se aleja.
Se pelean: la luz de las farolas y el amanecer;
ojalá fueran así todas las guerras.

Un tercer trago,
y remiendo todas las dudas,
que hoy traigo hilo y aguja,
que esta mañana sabré encajar
las dos piezas de esta costura.

Con el último sorbo,
me levanto de la silla;
hay mucho por hacer;
lo haré con calma
que llevo prisa.

Y al poso,
lo muevo y lo remuevo
hasta que muda su forma,
que hoy nada ni nadie,
ni yo,
va a poder amoldarme en su horma.

Dejo la taza en la encimera;
no:
mejor le voy a tallar un marco de madera
-aprenderé-;
y, así enmarcada, la voy a colgar
de mi pared,
como un recuerdo.

LA NOCHE

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Publicado originalmente en SALTO AL REVERSO

 

“En los instantes de día que queda, la vida se precipita”. Cartas desde mi molino. En la Camarga. Alphonse Daudet.

 

Cierras los párpados,
te abraza en sus sábanas,
apoyas la cabeza
exhausta
en su hombro.
La noche amiga,
con sus silencios;
en el fragor de los sueños
que siempre olvidas,
libra tus batallas;
acalla la vida
cuando espanta.

Ya no te habla
el reloj;
ya no cuenta contigo,
pertinaz con su paso “martilleante”.
Se olvidaron tus zapatos,
por fin,
de tu cansino
desaliñado paso
de la tarde.

Duermes,
duermes,
duermes.

 

“El día es la vida de los seres; en cambio, la noche es la vida de las cosas”. Cartas desde mi molino. Las estrellas. Narración de un pastor provenzal. Alphonse Daudet.

 

El Gris de los Colores.

LA VOZ DE LAS COSAS

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Nueva poesía de El Gris de los Colores en Salto al reverso:

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Foto Pixabay. CCO Public Domain

 

Pared recién pintada

En el principio de todas las cosas
había una estantería vacía,
enmarcada en el centro
de una pared recién pintada de blanco.

Y más abajo, otra estantería colgaba
como una promesa;
suspendida en mi imaginación
aparecía repleta de libros
sobre una mecedora.

Nada ocurre como en los sueños.
    
En el armario

Un jersey descolorido y
doblado en tus tres pliegues
yace ahora en el armario;
panteón de los recuerdos;
único testimonio de que no fue un sueño.

Debería volver a pintar ese armario,
arrancar ese verde que tanto te gustaba,
quitarle a brochazos esa sonrisa burlona de: «Ya te lo dije».

Miro incrédula una gran percha:
todavía acoge con solemnidad
tu camisa, planchada a desgana hace siglos,
porque no te gustaba…,
como yo.

Y aquel tercer cajón,
que dejaste vacío y entreabierto,
contradiciendo la fuerza
de ese último portazo;
… todavía no fui capaz
de cerrarlo.

No me dijiste adiós.

  
Mayca Soto

Publicado originalmente en Salto al reverso

 

Manual de Primeros Auxilios

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Nueva colaboración para Salto al reverso

Foto. Ferran Nadeu

Foto. Ferran Nadeu

 

 

 

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

Lavé esa herida,

bien sé que la enjuagué

y la desinfecté,

tal y como indica el Manual de Primeros Auxilios:

«Deje usted el grifo abierto para que caigan

muchas lágrimas,

un tormento de lágrimas

que desborde el estanque,

la acequia,

la laguna estancada,

y se convierta en torrente

que inunde los campos

en barbecho

y levante grietas

en las calzadas

acorazadas;

échele también un buen chorro de desinfectante,

del más potente que encuentre,

cuyos vapores sean capaces hasta de despejar de nubes

los paisajes,

desatascando

los pulmones

más acongojados;

y así podrá tomar impulso

para continuar de nuevo.»

 

Bien sé que la lavé.

Aproveché, como me indicaron,

las noches de tormenta

y las sombras apenas deslumbradas

por el sol;

me serví también del viento de Levante,

el que se lleva consigo la arena,

barriendo las playas

—y quise yo también

salir volando—.

 

Bien sé que la acuné,

a esta herida,

y le canté una nana imposible

—añorando el refugio a salvo

de la muerte,

el dolor—,

que a pesar de todo sonaba bien.

 

Bien sé que la socorrí,

a esta herida mía;

a conciencia,

como indica el Manual de Primeras Curas

para principiantes.

 

Bien sé que,

a pesar de todo,

sigue

y seguirá abierta;

sin cicatrizar,

contradiciendo todas las guías

de los más expertos

maestros de lágrimas.

 

Mayca Soto

Ver en Salto al reverso

Despropósito

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Nueva colaboración para Salto al reverso
 
 


Foto: Fran Parra Carrión. Impermanencia. Foto bajo licencia CC BY-SA 2.0
 
 
 
 
 
 

 
 
 

¿Cómo se vuelve invisible lo visible?

¿Cómo se deshace lo tangible?

Si un día le diste nombre,

¿por qué no lo encuentras?

Existió;

tuvo un espacio

en el álbum de los sueños.

Se requiere de esfuerzo,

no de desmemoria.

Hay intención en lo hondo

de un despropósito.

Pero ¿por qué este empeño en dejar intacto el polvo?

 

Mayca Soto

Originalmente publicada en Salto al reverso