Archivo de la etiqueta: POESÍA

Más café

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Foto. Natalie Collins. Unsplash

Publicado originalmente en Salto al reverso

Abrazo con mis manos
la taza de café
como si fuera la última vez,
mientras este oro negro
arroja cincuenta mililitros
de esperanza
en mi nuevo día.

Cincuenta mililitros dan para mucho,
aun en los amaneceres más desvaídos:
con el primer trago, bendigo la suerte de estar viva,
y apago la sed de ti:
dulce cafeína.

Un segundo sorbo;
diez mililitros más,
y la noche da un paso atrás;
quedaron sin boca los monstruos que tejen trampas,
y después esperan, trasmudados,
bajo las alcantarillas.

No ha salido el sol aún,
pero todo se sitúa
en su justo espacio,
ocupando
la medida exacta
de las cosas.

El viento arrastra una densa nube negra,
que se aleja.
Se pelean: la luz de las farolas y el amanecer;
ojalá fueran así todas las guerras.

Un tercer trago,
y remiendo todas las dudas,
que hoy traigo hilo y aguja,
que esta mañana sabré encajar
las dos piezas de esta costura.

Con el último sorbo,
me levanto de la silla;
hay mucho por hacer;
lo haré con calma
que llevo prisa.

Y al poso,
lo muevo y lo remuevo
hasta que muda su forma,
que hoy nada ni nadie,
ni yo,
va a poder amoldarme en su horma.

Dejo la taza en la encimera;
no:
mejor le voy a tallar un marco de madera
-aprenderé-;
y, así enmarcada, la voy a colgar
de mi pared,
como un recuerdo.

LA NOCHE

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Publicado originalmente en SALTO AL REVERSO

 

“En los instantes de día que queda, la vida se precipita”. Cartas desde mi molino. En la Camarga. Alphonse Daudet.

 

Cierras los párpados,
te abraza en sus sábanas,
apoyas la cabeza
exhausta
en su hombro.
La noche amiga,
con sus silencios;
en el fragor de los sueños
que siempre olvidas,
libra tus batallas;
acalla la vida
cuando espanta.

Ya no te habla
el reloj;
ya no cuenta contigo,
pertinaz con su paso “martilleante”.
Se olvidaron tus zapatos,
por fin,
de tu cansino
desaliñado paso
de la tarde.

Duermes,
duermes,
duermes.

 

“El día es la vida de los seres; en cambio, la noche es la vida de las cosas”. Cartas desde mi molino. Las estrellas. Narración de un pastor provenzal. Alphonse Daudet.

 

El Gris de los Colores.

LA VOZ DE LAS COSAS

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Nueva poesía de El Gris de los Colores en Salto al reverso:

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Foto Pixabay. CCO Public Domain

 

Pared recién pintada

En el principio de todas las cosas
había una estantería vacía,
enmarcada en el centro
de una pared recién pintada de blanco.

Y más abajo, otra estantería colgaba
como una promesa;
suspendida en mi imaginación
aparecía repleta de libros
sobre una mecedora.

Nada ocurre como en los sueños.
    
En el armario

Un jersey descolorido y
doblado en tus tres pliegues
yace ahora en el armario;
panteón de los recuerdos;
único testimonio de que no fue un sueño.

Debería volver a pintar ese armario,
arrancar ese verde que tanto te gustaba,
quitarle a brochazos esa sonrisa burlona de: «Ya te lo dije».

Miro incrédula una gran percha:
todavía acoge con solemnidad
tu camisa, planchada a desgana hace siglos,
porque no te gustaba…,
como yo.

Y aquel tercer cajón,
que dejaste vacío y entreabierto,
contradiciendo la fuerza
de ese último portazo;
… todavía no fui capaz
de cerrarlo.

No me dijiste adiós.

  
Mayca Soto

Publicado originalmente en Salto al reverso

 

Manual de Primeros Auxilios

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Nueva colaboración para Salto al reverso

Foto. Ferran Nadeu

Foto. Ferran Nadeu

 

 

 

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

Lavé esa herida,

bien sé que la enjuagué

y la desinfecté,

tal y como indica el Manual de Primeros Auxilios:

«Deje usted el grifo abierto para que caigan

muchas lágrimas,

un tormento de lágrimas

que desborde el estanque,

la acequia,

la laguna estancada,

y se convierta en torrente

que inunde los campos

en barbecho

y levante grietas

en las calzadas

acorazadas;

échele también un buen chorro de desinfectante,

del más potente que encuentre,

cuyos vapores sean capaces hasta de despejar de nubes

los paisajes,

desatascando

los pulmones

más acongojados;

y así podrá tomar impulso

para continuar de nuevo.»

 

Bien sé que la lavé.

Aproveché, como me indicaron,

las noches de tormenta

y las sombras apenas deslumbradas

por el sol;

me serví también del viento de Levante,

el que se lleva consigo la arena,

barriendo las playas

—y quise yo también

salir volando—.

 

Bien sé que la acuné,

a esta herida,

y le canté una nana imposible

—añorando el refugio a salvo

de la muerte,

el dolor—,

que a pesar de todo sonaba bien.

 

Bien sé que la socorrí,

a esta herida mía;

a conciencia,

como indica el Manual de Primeras Curas

para principiantes.

 

Bien sé que,

a pesar de todo,

sigue

y seguirá abierta;

sin cicatrizar,

contradiciendo todas las guías

de los más expertos

maestros de lágrimas.

 

Mayca Soto

Ver en Salto al reverso

Despropósito

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Nueva colaboración para Salto al reverso
 
 


Foto: Fran Parra Carrión. Impermanencia. Foto bajo licencia CC BY-SA 2.0
 
 
 
 
 
 

 
 
 

¿Cómo se vuelve invisible lo visible?

¿Cómo se deshace lo tangible?

Si un día le diste nombre,

¿por qué no lo encuentras?

Existió;

tuvo un espacio

en el álbum de los sueños.

Se requiere de esfuerzo,

no de desmemoria.

Hay intención en lo hondo

de un despropósito.

Pero ¿por qué este empeño en dejar intacto el polvo?

 

Mayca Soto

Originalmente publicada en Salto al reverso
 
 

Esperanza

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Nueva colaboración para Salto al reverso

Foto Ferran Nadeu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Caminas por la ciudad,
doblas sus esquinas,
cruzas sus calles desiertas,
casi olvidadas;
también sus avenidas asfixiadas
en tu trayectoria laberíntica.
Respiras el humo de demasiados tubos de escape;
partículas diminutas en suspensión viajan hacia tus pulmones
para quedarse.
Encuentras semáforos en rojo;
esperas,
esperas
y esperas paciente
el cambio al verde…
Aparece el ámbar;
una luz parpadeante,
un aviso de peligro,
una llamada a la duda es la prudencia.
Tu pie titubea,
tan bien como tu boca;
el asfalto quema en la calzada
y, maldita sea, te rompiste las sandalias de dedo
tras sobresaltarte con el ladrido estridente
del puto claxon de un camión
inhumano.
Pensaste que esas playeras no servían para caminar,
pero no te hiciste caso y zanjaste la duda con un portazo.
Ahora tendrás que sortear descalza las piedrecitas pequeñas
que no se ven,
peor son los cristales rotos de esas botellas quebradas.
Dejas tus huellas invisibles en el asfalto;
el cemento y el alquitrán jamás se estremecieron
ante el roce de la piel.
Vives en una selva
de ladrillos y anhelos
de amor.
«Continúa, continúa», piensas sin verte,
«en la próxima esquina, seguro que encontraré un taxi».

 

Originalmente publicada en Salto al reverso

Mayca Soto

Foto: Ferran Nadeu

LA ESPERA

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                                                                                       v                                      

40 semanas;
linda espera.

Linda, sí.
Y emocionante,
misteriosa,
inquietante,
fatigosa,
ondulante,
arrolladora.

Ambivalente.

Un aro de fuego
es la entrada a un túnel oscuro.
Hay un punto de luz al otro lado,
como una diminuta cerradura
que espera la punzada en el ojo,
la mirada atrevida.

¿Que se esconde tras la puerta?

Las puntas de los dedos de tus pies se asoman
a un precipicio.

Y sin paracaídas.

 

@Mayca Soto